Guerra Fría Musical: La Habana y Miami

Una de las características de la «salsa cubana» -aunque este sea un nombre comercial que engloba géneros hermanados pero diferentes- es su fuerte carácter de elemento de cohesión social. Las circunstancias políticas y sociales tanto en la isla como en Florida llevan a que, en muchas ocasiones, las canciones expresen posiciones sobre qué es el ser cubano o qué es la cubanía. Sin embargo, es de esperar que la distancia de 90 millas náuticas entre La Habana y Miami -poca geográficamente, pero inmensa en términos políticos y sociales- determine diferencias fundamentales en la respuesta a dicha pregunta. Como los ejemplos son innumerables, he querido limitarme a dos canciones relativamente contemporáneas la una de la otra y bastante recientes: Me dicen Cuba de Havana D’Primera (2013) y Llegó MI Pasaporte de Timbalive (2011). La primera representa la visión de La Habana y la segunda, la de Miami, FL.

Rumba cubana
Pareja de bailadores de rumba cubana

Comencemos por La Habana. Musicalmente, Me dicen Cuba comienza con la estructura estándar de la música popular cubana, heredada del son cubano de los años 20 y 30: introducción in crescendo que desemboca, tras un puente de vientos (el mambo) en el denominado montuno. La introducción comienza enumerando tres de los géneros tradicionales de la música cubana -el son, la rumba y el bolero- en una imagen que evoca la fusión de todos ellos en una sola acción:

Vengo de donde el sol calienta la tierra
Y allí donde el corazón late más sincero
Vengo de donde el Son pasa las horas
Enamorando a la Rumba cantándole aquel Bolero

La primera estrofa -y las que le siguen- buscan expresar la relación del hablante lírico con Cuba y su cubanía -palabra utilizada en la segunda estrofa-, que es una relación de procedencia y origen, tanto territorial como de cultura autóctona. El sentido aquí es poner al hablante lírico en posición de representante autorizado para mostrar qué es realmente ser cubano, debido justamente a esa conexión tanto territorial como cultural, hasta el punto de que diga explicítamente que es «Por eso que te traigo esta canción / Para que sepas el porqué a mí me dicen Cuba» (estr. IV). Esa segunda persona a la que se dirige es, evidentemente, quien escucha la canción, pero ¿quién es esa segunda persona: los propios cubanos de Cuba, a los que no lo somos en ningún sentido o, en cambio, a aquellos que están fuera de la isla? La respuesta está en el inicio del montuno:

(Para saber de verdad lo que es sentirse cubano
Tienes que haber nacido en Cuba
Tienes que haber vivido en Cuba)
Para saber de verdad lo que es sentirse cubano,
tienes que leerte a Martí, la prosa de Guillén,
Busca una guayabera con un sombrero de guano.

Para el hablante lírico no se es cubano si no se ha vivido y crecido en la isla. El montuno demuestra que la canción está dirigida, cual cabeza de misil, hacia Miami. Según la canción, el cubano debe leer a José Martí -el prócer de la independencia de Cuba- y a Nicolás Guillén -escritor que reivindicara el origen africano de la cultura popular cubana-; es decir, ser cubano exige adoptar como propios los referentes ideológicos que utiliza la Revolución como antecedentes filosóficos, tanto en lo hispánico -Martí- como en lo africano -Guillén-, antecedentes que en Miami no tienen el valor que pueden llegar a tener en la isla como fuentes de alimentación ideológico-simbólica para el gobierno.

Inmediatamente después, la canción no duda en proclamar en la segunda réplica del solista lo siguiente:

Un cubano de verdad da la vida por su tierra
Vive de frente y derecho, preparado pa’l combate
Y a su bandera se aferra

El nacionalismo es evidente y la referencia al combate es una remisión tanto a la Revolución como a la Batalla de la Bahía de Cochinos -únicos conflictos armados en la historia reciente de la isla-. La intención política permea a la canción hasta el punto de que el segundo mambo es nada más ni nada menos que una sección de La Bayamesa, el Himno Nacional de Cuba. Con esto la canción se erige no solo en representante del ser cubano, sino directamente se atribuye una función de representación política nacional mediante la incorporación -y sublime adaptación musical, se ha de decir- del Himno. Y como tal representación, la canción establece, en resumen, que la cubanía es, en definitiva, exclusiva o leal a la isla o, simplemente, no es.

Crucemos las 90 millas y veamos qué encontramos, en cambio, en Llegó MI Pasaporte de Timbalive. Lo primero que llama poderosamente la atención es que el posesivo esté escrito en mayúsculas, pero es absolutamente coherente con una canción que, ante todo, abraza el individualismo liberal anglosajón de los EE.UU.

La canción puede escandalizar al oído acostumbrado a cosas “más altas”: superficialmente es una timba con reguetón, aunque como en toda timba la fusión de géneros es complejísima. El texto es absolutamente directo: el hablante lírico festeja con «sentimiento profundo» el haber recibido, tras haber seguido el consejo de sus amigos, el pasaporte estadounidense. La estructura de la canción no sigue el esquema clásico del son y rompe ya en inicio con un coro que canta, nada más ni nada menos que esto:

Ya llegó,
Ya llegó mi pasaporte
Soy americano
Y no hay quien me deporte

En la primera estrofa, el hablante lírico se presenta como «soy solamente otro que dejó el sentimiento entero en su país / tratando de encontrar un futuro mejor». La mención al sentimiento es absolutamente cruda y brutal, porque deja a este como única razón por la que quedarse en la isla, mientras que el futuro mejor solo puede encontrarse fuera; en este caso, en Miami. En la segunda estrofa ya el hablante lírico comienza a explicar las libertades básicas que él encuentra en el pasaporte: «me voy pa’ donde quiera yo / y cuando quiera vengo», «ahora con mi vida hago lo que me da la gana», etc., además de la desaparición del riesgo de ser deportado. Todo esto es esperable en una canción producida desde la Península de Florida que busca apuntar con sus cabezas de misiles musicales hacia la isla, pero el punto central no es esta declaración de las libertades otorgadas por el pasaporte, sino esto que sigue al segundo coro:

Soy americano, soy popular
Lo de cubano nadie me lo va quitar
(Ya llegó, ya llegó mi pasaporte)
No quiero chismes; no me da pena
Lo de cubano yo lo llevo en vena
(Ya llegó, ya llegó mi pasaporte)
Eh, eh, ya llegó mi pasaporte del Norte
Que huya mi gente, que huya.

Los dos versos finales de la estrofa se repiten en un bis. El mensaje es exactamente el contrario al de Me dicen Cuba: si Havana D’Primera canta que la cubanía es fidelidad a la isla y al estado actual ideológico-simbólico de la misma, Timbalive centra la cubanía en un sentimiento individualizado nostálgico, pero que debe reconocerse como solo eso, sentimiento, ante la decisión práctica de adoptar la nacionalidad de un país de acogida. Esa nacionalidad, según el hablante lírico, otorga tal grado de libertad que la canción pasa a decir esto:

Por eso voy a hacer lo que me dé la gana
(Si a mí,
A mí no me deporta ni Obama)
Aunque tenga una historia de amor con la Primera Dama
(A mí no me deporta ni Obama)
Y la lleve a bailar guaguancó a un solar de La Habana
(A mí no me deporta ni Obama)
Y después yo me vaya con ella, con Rita y con Juana

El mensaje es: la libertad es tal que puedo hasta tener una “escapada” con Michelle Obama y hasta llevarla a un solar de La Habana a bailar guaguancó -rumba cubana que se distingue por el vacunado, un gesto que es símbolo de la eyaculación masculina-. El texto ya es atrevido, pero musicalmente esta sección de reguetón duro esconde nada más ni nada menos que la sintonía de Misión: Imposible compuesta por Lalo Schifrin, la cual es un icono cultural indiscutiblemente estadounidense -aunque Schifrin fuera de origen argentino-. Esta asimilación de un icono cultural anglosajón sería absolutamente imposible en ninguna canción de Havana D’Primera o de cualquier otra orquesta de timba cubana de la isla, por atentar contra el concepto de cubanía que relata Me dicen Cuba, absolutamente territorial y ligado al folclore. Eso sí, Llegó MI Pasaporte mantiene, en segunda línea, una percusión de rumba -que se hace más clara en la sección siguiente- y, como ya he explicado, menciona el guaguancó como referencia cultural que se mantiene como propia a pesar de todo. Todo redunda, finalmente, en una defensa de que la celebración de la libertad obtenida debe hacerse usando esa libertad para «hacer lo que me dé la gana» musicalmente hablando, aunque la canción no renuncie al mambo obligatorio en toda canción de música cubana, ni a las expresiones, ni a la base rítmica debajo de una pátina de reguetón. Es libertad de «ciudadano americano», pero nostálgica; «Cuándo será el día, / me sobran las ganas, / que con este pasaporte / yo me vaya pa’ La Habana» es el último verso que canta el coro.

Sirva este artículo como un aperitivo de lo que uno puede encontrar en este tipo de música aparentemente “poco elevado”. La música popular puede decir mucho más a una sociedad que las canciones supuestamente “elevadas”. En la «salsa» cubana encontramos muchos ejemplos más, de toda clase, de crítica social y política muy aguda y muy dura, a veces. No, no toda la «salsa» es romántica ni todo reguetón es vulgar: es música popular de pueblos que están viviendo transformaciones políticas muy complejas y, como tales, sus mejores artistas están atentos a ellas, independientemente de qué posición tomen ante las mismas. Recomiendo, pues, a los lectores escuchar ambas canciones y que lo vean -o, más bien, escuchen- por sí mismos.

Eugenio M. Vigo. 1988. Ante todo, timbero y rumbero… y poco a poco también sonero. También soy licenciado en Filología Hispánica por la U. de Navarra y tengo un Máster en Lingüística Teórica y Aplicada por la U. Pompeu Fabra. Al parecer, también soy Doctor en Lingüística. Hasta la heterodoxia siempre. @EugenioMVigo

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One thought on “Guerra Fría Musical: La Habana y Miami

  1. Exactamente, no hay cultura “elevada” y cultura “popular”. Hay cultura. Cuando se tienen la cabeza y los oidos abiertos y se sabe de qué se habla, se pueden escribir artículos como este.

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