CARACAS O BRASILIA: TSIPRAS Y LA DISYUNTIVA ESTRATÉGICA DEL CAMBIO POLÍTICO.

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Foto mural. Caracas. (AP/Ariana Cubillos)

Para la izquierda griega, pero también para la nueva izquierda europea que está renaciendo en el área del Mediterráneo son de especial interés las experiencias de los procesos de cambio en Latinoamérica. Aunque sean difíciles de comparar porque los contextos culturales, políticos y económicos son profundamente diferentes, la verdad es que entrañan simultáneamente muchas lecciones para la nueva izquierda europea. Lecciones para aprender tanto de los éxitos como de los fracasos y las contradicciones. Por ello, es de especial interés analizar la experiencia de Syriza en el poder a la luz de las experiencias de cambio político en Venezuela y Brasil.

En este sentido, del conjunto de países latinoamericanos que se han adentrado en procesos constituyentes y de cambio social, es interesante comparar concretamente Venezuela y Brasil por ser modelos diferentes respecto a la profundidad del cambio social que se ha producido en ambos países y tenerlos en cuenta respecto a los éxitos y fracasos de Syriza en Grecia.

Hay dos momentos clave en política. Uno es el momento de la “toma de poder”, que, según Gramsci, en las sociedades capitalistas modernas se caracteriza por un asalto al estado basado en la creación de nuevos consensos que disputen el sentido común del establishment, y otro es el momento de la “guerra de posiciones en el interior del estado”, que consiste en la batalla política por transformar el Estado una vez tomado el poder político por la vía electoral.

La guerra de posiciones puede tomar dos estrategias políticas. La primera es la del compromiso histórico o búsqueda de un acuerdo que más o menos sea favorable al actor político que hace bandera del cambio. La segunda forma que puede tomar la guerra de posiciones es la del “salto al vacío” o ruptura con el estado actual de las cosas.

Los procesos constituyentes de Venezuela y Brasil sirven para ejemplificar estas dos tipologías de guerra de posiciones tras el momento de toma del poder. En el caso venezolano tras la victoria electoral de 1998 del Movimiento Quinta República, liderado por Hugo Chávez, hubo un proceso de reformas sociales y políticas profundas que, especialmente tras el fallido golpe de estado derechista de 2002, supusieron un enfrentamiento abierto, prácticamente antagonista, con los sectores oligárquicos.

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Caracas. Manifestación a favor del Presidente venezolano Hugo Chávez (Cubaencuentro).

Por el contrario, en Brasil tras la victoria del Partido dos Trabalhadores (PT), de Lula da Silva, en 2003 se inició un proceso de reformas sociales y políticas, muy importantes, pero caracterizado por una moderación y por evitar el choque antagonista con la oligarquía brasileña, esencialmente latifundista y propietaria del denominado `agronegocio`. Esta política del compromiso histórico se visibiliza en la inclusión de ministros de partidos de derechas como el Partido da Social Democracia Brasileira (abiertamente conservador y neoliberal), economistas liberales en posiciones de poder importantes como el liderazgo del Banco Central Brasileño o la renegociación de acuerdos con el Fondo Monetario Internacional para garantizar el pago de la deuda externa de Brasil.

Bajo la trampa del compromiso

Uno de los errores fundamentales de Syriza ha consistido repetir la estrategia política del PT de Lula en el contexto europeo. En el contexto europeo, la ventana de oportunidad para realizar reformas sociales de un modo agonista es profundamente más limitada que en Latinoamérica.

En primer lugar, por existir una superestructura política como la Unión Europea que limita de forma contundente la soberanía de los estados europeos. En segundo lugar, tanto en Grecia como en el resto de los estados periféricos no existe la carta bajo la manga de nacionalizar el petróleo o el gas, una carta que permite el ingreso de enormes recursos para los estados del bienestar y a la vez hace innecesaria otras medidas político económicas más agresivas respecto a la oligarquía, como la reforma de la tierra, la nacionalización de industrias privadas o el control del sector financiero.

Así pues en la Grecia de Tsipras, a diferencia del Brasil de Lula que firmó “memorándums” con el FMI, era imposible llegar a un acuerdo con la Troika (la tríada de Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) que tolerase a la vez políticas expansivas para reactivar la economía como se había hecho en Brasil.

En el caso de Brasil fue posible llegar a compromisos y al mismo tiempo expandir el sector público, construir la sanidad pública universal y garantizar el acceso a la educación a la población afroamericana. Esta situación se pudo mantener durante doce años, hasta el 2015, entonces el peso creciente de la deuda externa combinado con la pérdida de ingresos por parte de la petrolera estatal, Petrobras, llevó a la actual líder del PT, Dilma Rousseff, a un giro neoliberal que se visibiliza en el recorte del 30% del presupuesto de educación sólo para el año 2015 por solo mencionar un ejemplo.

En el caso de Grecia, la búsqueda de un compromiso con la Unión Europea que permitiera la aplicación de políticas progresistas evitando un choque con la UE y con la oligarquía local ha sido una ilusión que tan solo duró 6 meses, desde el 25 de enero hasta el 6 de julio. Y en tan solo dos meses, desde el 6 de julio hasta septiembre del año pasado, Syriza sufrió una profunda transformación orgánica que en el caso del PT brasileño ha tardado en cambio más de quince años en producirse.

El ejemplo griego es una muestra de los dilemas estratégicos a los que se va enfrentar cualquier gobierno del cambio, sea de Portugal o España, por lo que visto los resultados de la descafeinada vía brasileña para enfrentarse a la Troika, ante la duda, bebamos café venezolano.

AUTOR:

Albert Portillo Cortadellas. 1993. Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la UPF. Actualmente es estudiante del Máster Universitario Internacional de Estudios Contemporáneos de América Latina en la Universidad Complutense. Ha realizado prácticas en el Consulado General de Venezuela en Barcelona. Ha sido activista de diferentes movimientos sociales des de el 15M hasta la PAH y actualmente es miembro de Podemos. Interesado en Europa, América Latina, movimientos sociales y en teoría política (con énfasis en Laclau, Mouffe, Zizek y Lacan).

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One thought on “CARACAS O BRASILIA: TSIPRAS Y LA DISYUNTIVA ESTRATÉGICA DEL CAMBIO POLÍTICO.

  1. Este artículo da por aceptadas demasiadas cosas, deja de exponer muchas otras y no resulta mas que un farragoso exordio apriorístico de su frase final, que muy bien podría aplicarse el autor tomando un avión y solicitando la nacionalidad venezolana

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