NEOMAQUIAVELISMO NORTEAMERICANO. UNA VISIÓN DE LA NATURALEZA DEL PODER Y LAS -¿ÚLTIMAS?- ELECCIONES ESPAÑOLAS

Este artículo trata de la obra de Robert Greene. En especial las “Las 48 leyes del Poder”.

El título quizá pueda confundir a los lectores. Probablemente acudan fácilmente a nuestra memoria los nombres de Theodore Roosevelt, Kissinguer, Huchtington, Kaplan y otros. En la historia de un país como Estados Unidos, dada la magnitud de su poder, numerosos pensadores, políticos y hombres de estado, han sido también definidores de prácticas y teorías al respecto, en un sentido parecido al que ejercieron los británicos hasta inicios del siglo XX.

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La dolchtoblegende o mito de la puñalada encumbró a los nazis en 1933

Por otra parte, desde su inicio, la tensión entre los idealistas y los pragmáticos de la razón de estado ha sido constante, tanto en lo político; Jefferson-Madison, como en las ideas; Rawls-Huchtington. Acompañando a esto, ha existido, siempre minoritaria, una cierta tendencia a la consideración realista y en bruto de la naturaleza del poder civil. Se puede citar en esto a Hayek, Popper o Leo Strauss. No deja de ser curioso que sean todos judíos. Su “experiencia” en Europa los debió mover a ello. Curiosamente, alguien tan contrario a estos autores como Noam Chomsky, tiene parecidos objetos de reflexión, desde otros planteamientos.

Sin embargo, el autor que nos ocupa no proviene de la filosofía política o de la economía, sino de la psicología cognitiva, de la historia, como se puede comprobar al leer sus libros y –¡ay!- de la etología, aunque esto último no lo reconocerá jamás.

Robert Greene es un neomaquiavélico realista; nietzscheano, por lo tanto no reconoce fenómenos morales. Él trata de qué dinámicas sociales, individuales, psicológicas y de cualquier otra clase que sea, intervienen en las relaciones humanas relativas al poder, en sus diversas manifestaciones, no solo la política y la guerra. Así trata de asuntos como el prestigio, la fantasía, la estafa, el mito y, muy concretamente, la seducción, como elementos del comportamiento relativo a la consecución de cualesquiera parcelas de poder, o nuestra defensa frente a aquellos que quieren manipularnos para obtenerlo. Sus autores de referencia son, Maquiavelo, Baldassare Castiglione, Sun Tzu, Baltasar Gracián, Von Klauswitz y Kierkegaard.

Desde la aparición, en 1.988 de “Las 48 leyes del poder”, autor y obra han sido polémicos, a mi juicio porque nadie sabía cómo clasificar lo que se expresaba con tanta -¿inconveniente?- franqueza. He podido ver este libro y otras de sus obras en las más variadas secciones de las librerías, desde “empresa y management”, a “autoayuda”, “filosofía”, “ensayo”, “Historia”, etc.

Para Greene, el poder, es un asunto que recorre y permea toda la actividad humana y no se circunscribe únicamente a lo político, lo económico o lo social. De ahí viene su especial interés en los mecanismos de la seducción y el prestigio. Ciertamente, no es seguidor de Rousseau, ni de Platón, ni de Aristóteles. ¿Quizá de Diógenes?

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El Presidente Kennedy entendió a la perfección las leyes del poder que menciona Greene.

Sus libros se estructuran de un modo muy concreto y particular. Por lo general, el título de cada capítulo enuncia el principio o “Ley” que se va a tratar, seguido de una explicación breve. Después da un ejemplo histórico de cumplimiento y otro de transgresión. A continuación desarrolla una explicación pormenorizada del asunto, seguido de las excepciones al principio enunciado. Estas secciones están flanqueadas por columnas en las que se transcriben, fábulas, historias tradicionales, mitos religiosos, o relatos y frases de pensadores de cualquier época o país relativos al asunto o “Ley” tratados. Acaba con una recapitulación del contenido en forma de “símbolo”. La forma y tipografía de esta sección es variable, en refuerzo del contenido que se pretende inculcar. Esto último es decisivo. Greene al fin, es un psicólogo y su obra ilustra el peso decisivo de las premisas, falsas o no, con las que operamos mental y emotivamente.

De hecho su obra se podría analizar como una criba de las premisas de jerarquía y comportamiento y de lo que implican, tanto las explícitas como, mas decisivo, las implícitas, en el orden social.

Esta misma fórmula la ha aplicado al resto de su obra; “El Arte de la Seducción”, “Las 33 estrategias de la guerra”, “La Ley Nº50” y “Maestría”. No voy a pormenorizar mas el contenido y animo a leerlo. En especial a aquellos que no entendieron el último resultado electoral en España.

¿Quién no ha practicado con maestría, los siguientes principios?:

Ley 4 “Decir menos de lo necesario”

Ley 9 “Ganar a través de la acción, nunca de la discusión”

Ley 21 “Hacerse el ingenuo para atrapar a un ingenuo, parecer más tonto que la víctima”

Ley 36 “Desdeñar las cosas que no se pueden tener: ignorarlas es la mejor venganza”

Ley 46 “Nunca parecer demasiado perfecto”

¿Y, más aún, estos otros?

Ley 35 “Dominar el arte de calcular el tiempo”

Ley 16 “Utilizar la ausencia para aumentar el respeto y el honor”

Ley 31 “Controlar las opciones: conseguir que los demás jueguen con nuestras cartas”

Ay! Estos jovenzuelos…. Creían poderle robar la tostada al veterano, cuanto les queda por ver y aprender. ¿Será esto lo próximo?

Ley 29 “Planear todo el camino hasta el final”

Y…

Ley 47 “No sobrepasar nunca la meta que uno se ha marcado:

en la victoria, saber cuando parar”

O…

Ley 15 “Aplastar totalmente al enemigo”

En mi opinión, ambas. Lo veremos en las próximas semanas o meses.

AUTOR: 

Paco Cid. 1969. Arquitecto. Desde 1993 en la resistencia contra el nacionalismo con intensidad variable. Anticlasista, enemigo de la absurda distinción entre cultura elevada y popular.

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2 thoughts on “NEOMAQUIAVELISMO NORTEAMERICANO. UNA VISIÓN DE LA NATURALEZA DEL PODER Y LAS -¿ÚLTIMAS?- ELECCIONES ESPAÑOLAS

  1. Tras haber leído “Las 48 Leyes del Poder”, se me vino a la cabeza el hecho de que se nos educa justamente para considerar el poder como algo moralmente malo, cuando el poder, realmente, es simple potencia que puede usarse para fines buenos o malos. Esto beneficia al poder político, evidentemente, porque somos nosotros los que renegamos de ejercer poder defensivo y legítimo contra los abusos que recibimos por miedo a ser “poderosos”.
    En general recomiendo la lectura de Greene: obras bien documentadas, con una estructura muy amena. Si es posible, recomendaría la lectura del original: el estilo y la precisión lingüística de Greene en inglés es propia de una persona totalmente consciente de su lengua.

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