EL BREXIT O EL TRIUNFO DE LA EXTREMA DERECHA

Lo que todo el mundo se esperaba es que la candidatura del remain consiguiera ganar. En Escocia y en Irlanada del Norte se cumplieron las previsiones. Inglaterra, sin embargo, no se dejó convencer. Los resultados, ciertamente, son de lo más chocantes. ¿Cómo es posible que el leave consiguiera imponerse si perdió en dos de las naciones que integran el Reino Unido y el remain se impuso en grandes ciudades como Londres, Liverpool, Leeds, Manchester, o Cardiff? Para explicar este fracaso -pues esto lo que supone para el Reino Unido y para la Europa continental- necesitamos conocer la sociedad inglesa, su distribución geográfica y los partidos políticos que actúan en este marco y su papel en el referéndum.

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Nigel Farage, europarlamentario y líder del UKIP, exultante tras el Brexit.

La brecha generacional y la clase social son las variables clave para explicar los resultados.

Respecto a la primera, el siguiente gráfico resulta bastante ilustrativo:

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En azul, las franjas de edad a favor del remain. En amarillo, a la inversa.

Como vemos, los colectivos más jóvenes han votado la opción del remain, mientras que los más mayores han optado por el leave. Esto ha llevado a mucha gente dentro y fuera del Reino Unido a pronunciar frases del tipo “la generación más envejecida ha arruinado el futuro de los jóvenes”. A la vista de los datos, sin embargo, la imputación de la culpa al colectivo mayor parece exagerado. Son muchos más los jóvenes que votaron remain que mayores el leave. El problema más bien tiene que ver con una pirámide de población incipientemente invertida y con la participación en el referéndum, más baja en los grandes centros urbanos (donde el remain es mayoritario) que en los pequeños (donde el leave es mayoritario). Por lo tanto, dos de las razones que han conducido al Brexit ha sido, por una parte, una cuestión numérica que hace que haya más mayores que jóvenes y, por otra parte, una mayor movilización entre los votantes favorables a salir de la UE.

En lo que respecta a la clase social, científicos sociales como Owen Jones, observando que los datos mostraban que los votantes con menos formación se habían decantado mayoritariamente por votar a favor del leave, han explicado el triunfo del Brexit como una revuelta de la clase trabajadora. Con su voto en contra de la UE los chavs han canalizado el descontento y la incomprensión que sentían ante las instituciones de manera parecida a como ha ocurrido con la extrema derecha austríaca y alemana, Syryza, el Frente Nacional o Podemos.

Esto último no es del todo riguroso y, hasta cierto punto, resulta excesivamente idealista. La clase trabajadora inglesa, la que se puede observar en los suburbios de Londres y en las pequeñas ciudades inglesas, está compuesta tanto por un colectivo blanco como por colectivos negros, indúes, asiáticos, etcétera. Algunos de estos últimos son ya nacidos en el Reino Unido, otros no. La mayoría son de primera, segunda o tercera generación. Si la revuelta de la clase trabajadora inglesa fuera una tesis aceptable, entonces, deberíamos observar que todos estos colectivos raciales han votado, sino juntos, sí contra lo mismo. Lo que ocurre es que la campaña del leave no se centraba en como de malignas son las instituciones europeas, sino en la gestión de la inmigración. El leave echaba la culpa de los problemas a los inmigrantes y ponía énfasis en la gestión y en la restricción de la inmigración como soluciones. Los motivos para el leave, entonces, eran xenófobos y racistas. Esto dibuja un mapa diferente: no hay rebelión de la clase obrera, sino clase obrera enfrentada entre sí por motivos raciales, lo que acerca más al colectivo popular inglés a la extrema derecha de Boris Johnson que al partido laborista de Jeremy Corbyn.

¿Por qué en Glasgow ganó el remain y en Sheffield triunfó el leave? Ambas son ciudades de aproximadamente medio millón de habitantes y con un colectivo working class abundante. La explicación se encuentra en las diferencias entre los partidos preponderantes en Escocia y en Inglaterra. El SNP, partido independentista de izquierdas, ha conseguido agrupar en su sino una amplia coalición de votantes proveniente de la clase trabajadora escocesa. En Inglaterra, sin embargo, los partidos políticos han demostrado ser caóticos y del caos creado han nacido los monstruos de la xenofobia, del racismo y del triunfo del Brexit.

Fue la división dentro del Partido Conservador la que llevó a Cameron a convocar el referéndum. Lo hizo para aguantar la presión del ala euroescéptica de su partido. Cuando se creía que el leave era favorito, Cameron estuvo a favor de salir de la UE. Cuando el remain empezó a generar buenas expectativas y tras negociar con los 27 una nueva y muy buena situación para el Reino Unido en caso de que ganara el remain, Cameron cambió de parecer y para defender su nueva opinión optó por la política del miedo. Sin embargo, el ala euroescéptica del Partido Conservador se organizó y, junto con UKIP, crearon un discurso centrado en vender un futuro mejor (Independence Day) que permitiría al Reino Unido mejorar económicamente y controlar los flujos migratorios. Esto último centró la campaña.

Por otra parte, quien puso la semilla del odio hacia el extranjero fue Cameron. Recordemos las palabras de su ministro de inmigración antes de las últimas elecciones: “la inmigración masiva y descontrolada dificulta mantener la cohesión social, pone presión sobre los servicios públicos y hace bajar los salarios”. Cameron ha hecho siempre lo necesario para mantenerse en el poder: gracias a la promesa del referéndum y a un discurso demagógico consiguió hacerse fuerte en su partido y ganar las elecciones del 2015; después se mostró a favor de permanecer en la UE ya que eso es, precisamente, lo que preveía que le ayudaría a seguir siendo el líder conservador y el prime minister. La jugada le salió mal y ahora el partido se entrega a Boris Johnson, alguien que podría ser descrito por físico y por ideología como el sobrino inglés de Donald Trump.

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David Cameron, aún Primer Ministro y líder de los conservadores.

Por otra parte, el Partido Laborista está sumido en un desorden constante, en una guerra de facciones interminable que no les permite centrarse en crear una coalición de votantes que agrupe a la clase trabajadora. Corbyn consiguió imponerse a las élites de su partido y desde entonces éstas han intentado quitárselo de encima. En esta pugna está metido el laborismo británico.

El Reino Unido se ha entregado a una transformación a lo bonzo. Escocia y el Sinn Féin se preparan para desmarcarse de Inglaterra y Gales. La primera es posible que consiga un nuevo referéndum dentro de poco y con resultados diferentes. El gobierno conservador de Cameron, ya de derechas, será substituido por otro de extrema derecha si el Partido Laborista no supera sus luchas internas y se reúne en torno a Corbyn, alguien muy popular entre los simpatizantes pero que tiene a toda la élite histórica y presente de su partido en contra.

El Brexit ha sido el espectáculo del racismo y la demagogia de derechas en Inglaterra y Gales. Los políticos que han querido alejar al Reino Unido de Europa solo han conseguido acercarlo a la versión de Europa más lamentable: la de la extrema-derecha, que cada día consigue una nueva victoria en el viejo continente. No es de extrañar que los partidarios del remain quieran continuar su lucha. El fascismo debe ser combatido.

AUTOR:

Guillem Santacruz Gómez. 1993. Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la UPF. Estudiante de Dramaturgia en el Institut del Teatre de Barcelona. Miembro del Consejo Editorial de Central de Opinión. @GuillemEscribe

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2 thoughts on “EL BREXIT O EL TRIUNFO DE LA EXTREMA DERECHA

  1. Hasta donde se inmigrante no es una raza.

    Yo estoy a favor de preguntar al pueblo. Y el pueblo britanico ha hablado. No veo el problema. Bueno si, tal vez en unos años a UK le va bien y a la gente le da por pensar si esto de la unión europea tal como esta ahora es un buen invento.

    No veo odio en la frase “la inmigración masiva y descontrolada dificulta mantener la cohesión social, pone presión sobre los servicios públicos y hace bajar los salarios”. Incluso diria que es cierta.

    Y ya que estamos tambien deberiamos pensar si le iria mejor a Cataluña y Pais Vasco independientes.

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  2. En primer lugar, gracias por tu comentario. Intentaré presentar mis argumentos.

    La inmigración no es una raza, pero va asociada a ella. La inmigración en Inglaterra es africana, asiática y de Europa del Este.

    Los referéndums deben existir, pero con cortafuegos, como lleva escribiendo un par de semanas seguidas Josep Ramoneda. Recordemos que la democracia no es solo un procedimiento, sino el compromiso con una serie de valores y principios, algunos de los cuales, según Ramoneda, han sido violados en el Brexit.

    La frase se dijo para ganar votos, brolla odio. Mientras el gobierno de Cameron recortaba gasto social, hablaba mal de los inmigrantes para convertirlos en diana de los pobres blancos ingleses. De hecho, parte de la inmigración es producto de tales recortes. 1 de cada 4 enfermeras/os en Inglaterra es de fuera porque el gobierno lleva recortando plazas públicas y oposiciones desde hace años y los hospitales se ven obligados a contratar en otros países para completar sus plantillas.

    Un saludo mcostacano

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