EL GRAN VODEVIL DE ESPAÑA

¡Elecciones! Otra vez se llena España de papeletas, papelones, carteles, rostros y eslóganes deprimentes proferidos por unos partidos que buscan conseguir ser agraciados por el votante para obtener más cuota de poder en el hemiciclo ubicado en Plaza de las Cortes, número 1, código postal 28014, Madrid. Son las segundas elecciones en casi seis meses, planteadas por algunos como una “segunda vuelta”, aunque todos los que sabemos y luchamos por una República Constitucional presidencialista sabemos que esto que presenciaremos el 26 de junio del presente año de “segunda vuelta” no tiene absolutamente nada. Señores, las taquillas están abiertas: el segundo acto del peor vodevil está a punto de comenzar.

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Diputados ucranianos enzarzados en una pelea dentro del hemiciclo nacional.

El escenario nos muestra a cuatro actores, donde en diciembre había cinco y medio. Donde en diciembre teníamos a Mariano, Pablo, Pedro, Albert, Alberto y Andrés, ahora tenemos a Mariano, Pablo-Alberto, Albert y Pedro, sin rastros de Andrés ni de sus banderas magenta. A ERC, CDC, Bildu y demases que se presentan a las elecciones de un Estado que dicen querer abandonar no les considero ni siquiera actores de este vodevil; son aquellos que añoran con ser directores de escena de su propio espectáculo pero no pueden evitar ir y participar del ambiente aunque sea como críticos de teatro de una mala revista cultural local. Típicamente partitocrático, claro está. Al menos las CUP tienen la dignidad de no presentarse a unas elecciones que consideran ilegítimas. 

Fuera de la puerta iluminada de neón tentador con el que se busca atraer a un público totalmente incauto, un grupúsculo de antisistemas con mejor gusto estético denunciamos que esto no es una democracia. ¿Separación de poderes? ¿Representación? Representación teatral sí, pero ¿política? Vivimos en un Estado de Partidos, monárquico encima, donde un Ejecutivo es elegido mediante componendas de un Legislativo elegido por el método de listas… listas ordenadas por el jefe de partido según su lealtad a este último. ¿Que el señor diputado no ha presentado ni una sola moción parlamentaria? ¡Qué importa! Si ha sido leal en el partido, ¡bienvenido a la lista de actores secundarios, terciarios o pardamente cuaternarios para engrosar listas para una provincia en la que nadie le conoce ni conocerá jamás!

Esta Monarquía de Partidos surge de un pacto del PCE, el PSOE y los franquistas que estaban ávidos por lavar su cara en Europa. «Pactemos para que ganemos todos sin hacernos daño». Esa fue la consigna y es lo que vivimos hoy… «Pactemos, pactemos, pactemos, pongámonos de acuerdo y participemos todos del poder…». Hacen caso del ciudadano solo para obtener de él la cuota de poder necesaria para ejercer poder sobre otros partidos, pero ¿velar por los intereses de sus votantes? Eso nunca. Lo que sucederá este 26 de junio es que Ud., señor votante, se hace parte del poder partidista durante el medio segundo que tarda en caer la sucia papeleta llena de nombres impresos desde la obscena ranura hasta ese montón informe medio blancuzco que se junta en el fondo de esa cárcel de la antipolítica. Cuando Ud. ya se ha dado la vuelta con una sonrisilla de satisfacción de «haber cumplido con el paripé», Ud. pasa ser un cero a la izquierda. Para más inri, le informo de que apenas haya introducido ese papelucho en esa caja de vidrio habrá perdido su voz en todo porque los partidos se atribuirán saber sus intenciones más que Ud. mismo: «Los ciudadanos quieren que pactemos»… Ay, pero Ud. simplemente votó por quien quería que ganara. Se indignará un par de años más, se prometerá no volver a votar y romperá esa promesa en las siguientes elecciones.

¿Qué tiene que pasar para que España deje de ser este vodevil absurdo? Algo tan sencillo como que los diputados sean representantes de los ciudadanos. Para ello hay que establecer que se vote a personas, pero solo a uno por distrito, porque en cuanto haya más de uno ya no se sabe si uno u el otro o ambos representan a todos o solo a sus respectivos votantes o a quién. Un distrito, un diputado… y elegido por mayoría absoluta para que se cumpla el principio democrático incuestionable de que es la mayoría electoral la que ostenta el poder sobre la minoría electoral… Eso sí, según defendemos en el MCRC, el mandato del diputado en la República Constitucional podrá ser revocado por el distrito, así que más le valdrá al diputado ser voz viva de los intereses de sus electores más allá de siglas o ideología.

Como el Legislativo será verdadero Legislativo con el sistema propuesto arriba no habrá más remedio que esté separado en origen del Ejecutivo para defender la integridad de ambos Poderes. Sí, proponemos algo tan revolucionario y exótico como una República presidencial donde se vote al Presidente por mayoría absoluta… Si así fuera, en este momento tendríamos un Gobierno representativo del Estado legitimado directamente por las urnas, que podría ejecutar su programa electoral salvo que el Legislativo, investido en verdadero representante de la Nación, actuara en su contra para salvaguardar los intereses de los ciudadanos contra los intereses del aparato del Estado.

Como es absolutamente imposible que una Monarquía de Partidos, donde los únicos sujetos políticos son estos últimos, deje de lado su propio poder adquirido ilegítimamente asumiendo con toda “naturalidad” la continuidad de la dictadura, la única opción que nos queda es la abstención con la acción política decidida al derribo del sistema. El objetivo es convocar una Asamblea Constituyente formada por diputados constituyentes elegidos por distritos que permita que España exprese su libertad política colectiva que le corresponde en cuanto a Nación para establecer el marco republicano constitucional. La meta no es otra que repetir lo que hicieran los Padres Fundadores de los EE.UU., al fin y al cabo. Solo entonces, con separación de poderes y representación surgidas de la libertad constituyente, votaremos a quien nos dé la gana; solo entonces, cuando en vez de vodevil corrupto, la política española sea una obra cumbre del arte de la dialéctica, la razón y la lealtad para con el ciudadano.

AUTOR:

Eugenio M. Vigo. 1988. Ante todo, timbero y sonero… y poco a poco también rumbero. También soy licenciado en Filología Hispánica por la U. de Navarra y tengo un Máster en Lingüística Teórica y Aplicada por la U. Pompeu Fabra. Actualmente escribo una tesis doctoral sobre sintaxis formal en la U. Pompeu Fabra, pero también mantengo un blog sobre Software Libre (/etc/cron.d – Crónicas de Software Libre). Hasta la heterodoxia siempre. @EugenioMVigo

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One thought on “EL GRAN VODEVIL DE ESPAÑA

  1. Buen artículo….para no variar ;-)

    Yo siempre digo que pasamos de una situación en la dictadura en la que no nos podíamos expresas libremente a hacerlo, pro sin saber como.

    En cierto modo, es como si necesitásemos de un aprendizaje sobre como hacer uso de ese elemento llamado democracia.

    Siempre recuerdo una conversación entre mujeres vecinas mías en una de las primeras elecciones de la democracia en la que debatían sobre quien votar: si a Felipe o a Suárez, ya que discutían sobre quien sería más guapo….

    Pero es que hoy en día los ves cuando los entrevistan antes de entrar al Congreso y les preguntan sobre tal o cual cuestión y te dicen que bueno….que por ellos votarían que sí, pero hay que esperar a a ver que dice el partido….y luego acaban votando que no :-(

    ¿De que nos sirve la democracia si no sabemos hacer uso de ella?

    Al final te das de cuenta que para los únicos que les sirve es para los propios elegidos, y que procuran no moverse demasiado, no vaya a ser que no salgan en la foto.

    Salud y República.

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