SOBRE PIRATERÍA EN LA RED: LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN RIESGO

En la lucha contra la piratería, el desconocimiento general sobre las implicaciones reales de las leyes que buscan aplicar algunos estados para combatirla lleva a que la gente no las cuestione ni se preocupe por hechos como que la libertad de expresión esté en riesgo mientras que gocen de un derecho fáctico como es la libertad de navegación por Internet.

En Estados Unidos, la ley SOPA (y su homólogo en el senado, PIPA) fue un proyecto de ley que planteaba la posibilidad de que el gobierno pudiese investigar, juzgar y bloquear cualquier página web extranjera bajo investigación de enlazar contenido ajeno con derechos de autor sin el permiso de estos.

SOPA-PIPA
Cartel propagandístico. “Error 404: Libertad no encontrada. S.O.P.A.”

Además, la amenaza de que la presencia de un único contenido permitiera el bloqueo de todo un dominio buscaba fomentar la implicación de los webmasters en la lucha antipiratería, haciendo que ellos mismos eliminaran el contenido por miedo a que el dominio fuera bloqueado.

Fue criticada debido a que la ley suponía el bloqueo total de un dominio sin importar la gravedad de la infracción, ya fuese un único enlace o contenido protegido publicado o fuesen muchos. A esta desproporción en el castigo se le añadía la visión de que, gracias a esta ley, el gobierno poseía la potestad de investigar y juzgar a su voluntad qué webs debían ser bloqueadas, convirtiéndose así en una herramienta para bloquear información que no gustaba o favorecía los intereses del poder político, desencadenando un precedente de autoritarismo similar al que existe, por ejemplo, en China en materia de acceso a la información.

Partiendo de la premisa que la piratería ejerce un daño económico sobre los autores y las industrias del entretenimiento. Recordemos que, en todo momento, estamos hablando de la piratería realizada por un usuario de Internet doméstico, en principio, sin ánimo de lucro más allá del consumo propio del contenido con copyright y la potencial capacidad de compartirlo entre sus contactos o por la red. En ningún momento estamos hablando de la venta de contenido obtenido ilegalmente o de plagio.

En este caso, el daño deriva del hecho de que un individuo descargue un contenido determinado en lugar de adquirirlo legalmente. Así pues, el daño sobre el autor o la compañía es el dinero que deja de percibir porque este individuo no ha comprado su producto, daño que se generaliza si todo el mundo deja de comprar, llegando a comportar pérdidas a la larga si no hay un retorno de la inversión.

Sin embargo, existen pegas a este argumento y es que, en caso de no poder piratear el producto, no existe garantía alguna de que ese individuo acabe comprando el producto, por lo tanto, ¿realmente existe ese daño generalizado?

Creo que se confunde, y de forma intencionada, el hecho de que los individuos no consuman de una forma masiva estos productos con que no exista ningún interés en obtener los productos de manera legal o un respeto a los derechos de autor. Parece afirmarse que, llevando hasta la última consecuencia la lucha contra la piratería, se conseguiría detener el problema de consumo.

Sí, de consumo. En mi opinión, estas leyes no están dirigidas a proteger realmente los derechos de autor, sino a proteger la industria del entretenimiento y similares, siendo otro modo de maximizar su margen de beneficios al forzar a los consumidores a adaptarse a una realidad que dejó de existir hace décadas, es decir, una realidad donde el único modo de acceder a los recursos e información es vía la compra de un producto estandarizado y con un precio elevado.

Actualmente, vivimos en una realidad social distinta, donde el inmovilismo de esta industria se ve solucionado de forma paralela por la piratería, la cual da facilidades al usuario, permitiéndole personalizar el producto que “adquiere” y a un precio escaso.

Sin entrar a justificarla, quizá el problema no sea la piratería, sino una industria anacrónica que es incapaz de adaptarse a una nueva realidad social y que justifica su falta de ingresos y la destrucción de empleo en el sector con la piratería y no entiende que pueda ser a causa de su pérdida de competitividad y su incapacidad de atraer al cliente a su mercado.

El coste marginal de la producción actual de productos digitales (ya sean DVDs en masa o distribución online como iTunes o los productos para Kindle) es bajísimo. Se entiende, pues, que el elevado precio del producto final se debe al plus derivado de los beneficios para el autor por sus derechos de autoría y los márgenes de beneficio de los intermediarios (como las discográficas). Es este hecho el que incentiva la piratería.

Siendo la información (entendiendo el contenido digital como información) un bien público del que no se puede excluir a la gente, la lucha contra la piratería, además de contraproducente, resultaría inútil debido a la posibilidad de los “piratas” o de los administradores de saltarse con facilidad las barreras legales.

Por ello, entiendo que las actuaciones estatales para frenar la piratería son legítimas, pero han de ser cautelosas. Es un problema lo suficientemente extenso y complejo como para intentar combatirlo mediante leyes generales que interfieran directamente en libertades individuales con tal de paliar las pérdidas económicas de la industria del entretenimiento o de los autores.

La vulneración del copyright es un reflejo del avance tecnológico y del cambio social, en el que la piratería es un “crimen” resultado de la interacción social. Recordemos la época de las cintas VHS donde la gente grababa y distribuía cintas con películas grabadas (tanto de la televisión como de VHS originales comprados). Hablamos de un fenómeno masivo, aunque no comparable a las escalas actuales de intercambio de contenidos por Internet.

¿Acaso la piratería no es la evolución lógica de este comportamiento? En mi opinión, la globalización de la información nos ha hecho menos dependientes de aquellos que controlaban la producción y ha facilitado la implicación de los distintos usuarios en su distribución.

Es evidente que el estado ha de implicarse, pero la resolución del problema no pasa por el bloqueo masivo de páginas web porque vulneran en mayor o menor medida los derechos de autor, puesto que esto se puede acabar convirtiendo en una mera excusa para bloquear determinados portales por otros intereses, es decir, la lucha contra la piratería podría derivar en la aplicación de una ley de forma arbitraria e ilegítima, realmente perjudicando a la libertad de expresión mediante el uso de una herramienta de comunicación global como es Internet.

¿Qué garantiza que el gobierno de EEUU no podría bloquear un portal o foro por motivos de infracción del copyright aunque el auténtico motivo sería censurar la oposición o crítica?

AUTOR:

Daniel Rubio Gálvez. 1993. Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la UPF. Próximo estudiante del máster en Política Social, Bienestar y Trabajo en la UAB. Codirector y técnico del programa radiofónico Mayoría Silenciosa. Prácticas en el Departamento de Promoción Económica del Ayuntamiento de Sant Adrià del Besòs. Interesado en la lucha contra las desigualdades sociales, en la sociología y en las políticas públicas. @danielrgalv

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7 thoughts on “SOBRE PIRATERÍA EN LA RED: LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN RIESGO

  1. Muy buen artículo que a mí, como activista del Software Libre, me toca la fibra sensible, por decirlo de alguna manera.
    El problema está en que la regulación de los derechos de autor está pensada para medios físicos, pero se ve desbordada absolutamente por el hecho específicamente digital de que un medio ahora pueda multiplicarse infinitas veces sin ningún tipo de recurso. Redistribuir ilegalmente un libro físico requiere tener una imprenta, pero compartir un MP3 o un libro electrónico solo requiere un ordenador y saber copiar un archivo.
    La industria ha intentado dos estrategias para resolver su problema (ni siquiera es problema de los autores: los autores emergentes no suelen ver beneficios de sus obras por culpa de las editoriales, productoras, etc.): la tecnológica (DRMs) y la legal. La batalla tecnológica la han perdido: los sistemas de “protección anticopia” o son fácilmente eliminados (en la ejecución o consulta de un archivo “protegido” siempre habrá un momento en el que estará “abierto” para que el ordenador sepa qué hacer con él) o traen grandes dolores de cabeza a los usuarios que han adquirido legalmente el medio. Por ello están centrándose en la batalla legal.
    Un abrazo!

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  2. Todo esto está muy bien pero…. los que somos melómanos añoramos la época del LP o el CD. Por qué? No es una cuestión de soportes, sino de contenidos. Cuantas nuevas producciones hay? Cuantas de interés? Prácticamente ninguna, mis jóvenes amigos. Lo peor de todo es el final de la dignidad de los artistas, y del arte, tal como huyeron de la servidumbre desde el Renacimiento, ha sido agostada, y con ella la dignidad que solo la práctica profesional de cualquier disciplina, no nos engañemos, otorga. Vamos a un mundo de castas y servidumbre disfrazado de horizontalidad con planteamientos así. No olvidemos que Cervantes vivía de recaudar impuestos, y dejarse dar por el culo si, dejarse dar por culo, por el Conde de Lemos. No sé lo que traerá el futuro, pero tengo claro que la satisfacción egoista inmediata de deseos adolescentes, todo gratis, trae la tiranía, y con ella la miseria. No penséis en en culo de Cervantes o Bellini, son los nuestros los que ponéis en riesgo. Preparad la vaselina.

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    • Aquí nadie ha hablado del todo gratis, se plantea que la piratería es consecuencia de un anacronismo de una industria que vivie por y para su propio beneficio, intentando luchar contra una realidad imperante que ha traído el desarrollo tecnológico: la personalización de lo que consumes a bajo precio.

      Un ejemplo de ello es Steam, una plataforma online de venta de videojuegos en formato digital y a un precio reducidísimo. Te animo a mirar las estadísticas de compra online durante las rebajas que hacen cada cierto tiempo y observarás que a la gente no le importa pagar por lo que consume, siempre y cuando sea por un producto de calidad (coincido en que muchas de las producciones que se realizan hoy en día son totalmente comerciales, con una calidad más que cuestionable y carecen de ese “alma” artística, pero eso es otro tema al cual te animo sobre el que escribas: la mercantilización del arte) y a un precio asequible.

      La intención de mi artículo es lanzar una mirada crítica sobre el tema de la piratería y la industria del entretenimiento. En ningún momento he dicho que los artistas desmerezcan ser remunerados por su labor, es más, defiendo que sean ellos los que principalmente reciban los beneficios de su obra y no los intermediarios (aunque esto también es aplicable en otros ámbitos como la agricultura, pero ya me estoy yendo del tema).

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      • Muy bien pero…. que ingenuo. Pretender que haya calidad sin intermediación de la producción. Para entender el meollo del asunto habría que reflexionar sobre las Meninas, en el sentido de lo que Velazquez plantea, o releer ” El arte nuevo de hacer comedias” de Lope. No hay arte en sentido lato, ni producción cultural alguna, sin mediación productiva. Liberado el arte de la religión, sin producción y edición industriales, solo queda el diletantismo. Y para ello se necesita su inserción en la producción capitalista en unas determinadas condiciones de economía de escala y coste de oportunidad. Hoy día esto se ha perdido, quedando con ello los productores de contenidos a los pies de los caballos de la distribución, que en el mundo digital es un oligopolio, aunque se disfrace de territorio “libre” ( Vaya, esto me recuerda a “El hombre que mató a Liberty Valance”)

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  3. Paco, te respondo por aquí que no puedo continuar en el hilo (no sé por qué).

    Me parece que estableces una relación simplista entre intermediación y calidad. Todo depende de qué entiendas tú por arte, pero, vamos, considerar que sin la industria del entretenimiento y una producción capitalista, el arte y la cultura no existen…

    Que actualmente la calidad del arte se mida en cuanto a ventas no significa necesariamente que sea así, es decir, que algo bueno sea lo que más se consuma. Existe una gran cantidad de obras infravaloradas,que no son apreciadas por la generalidad de la gente o que, simplemente, no reciben beneficios astronómicos, y no por ello deja de ser arte.

    E incluso, para mí, existe un arte al margen de todo ello que no se concibe como una inversión que debe rendir, sino como algo que se realiza por y para placer.

    El arte es expresión y comunicación, se puede realizar de muchos modos sin depender exclusivamente de la gran industria.

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    • No. Pero si entre intermediación y producción, y sin producción, nada. El arte siempre, siempre ha sido pagado por el poder. Ha sido la industria la que ha necesitado una producción masiva de la que la calidad es indiferente, como lo era antaño y lo será siempre. Lo que yo lamento es que, arrasada la industria, los productores tengan que verse de nuevo sometidos a una suerte de feudalismo, del que, en bastantes casos, se habían salvado. Volvemos a antes del renacimiento a este respecto y a mi, me entristece. Otra vez a seguir arrastrando la guitarra por los tablaos para divertir a los señoritos…:-)

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